El coraje de las hermanas Ocampo Moscoso en la Guerra del Chaco

El coraje de las hermanas Ocampo Moscoso en la Guerra del Chaco

Las damas comparten el “rancho” con los soldados bolivianos

Por Marco A. Flores Nogales

Periodista

Si bien las balas y los estruendos de la guerra a menudo oscurecen la memoria, las historias de quienes vivieron esos momentos perduran como faros de esperanza y valentía. Entre las voces de las mujeres orureñas que se levantaron ante la adversidad durante la Guerra del Chaco, destacan dos figuras que encarnan el espíritu indomable de su tiempo: Carmen Rosa y Teresa Ocampo Moscoso. Ambas, nacidas en la misma tierra que vio florecer sus sueños y sus luchas, son un testimonio de que el verdadero coraje no conoce de géneros.

Carmen Rosa Ocampo Moscoso

Carmen Rosa Ocampo Moscoso, nacida el 19 de enero de 1909, recuerda vívidamente las frías mañanas en las que los trenes partían cargados de jóvenes dispuestos a enfrentar su destino. "Si yo hubiera sido hombre, también habría ido a la guerra", solía decir, apretando su mano con firmeza. En su mente resuena el eco de aquel apretón que selló su compromiso de ayudar a los soldados desde la retaguardia. Mientras los hombres marchaban hacia el campo de batalla, Carmen y sus compañeras fundaron la Sociedad Oruro de Señoras Pro-Chaco, un grupo decidido a no quedar en el olvido.

El 31 de agosto de 1934, estas valientes mujeres firmaron un libro que se convirtió en un símbolo de su lucha. "La Sociedad Oruro de Señoras Pro-Chaco" se alzó como un emblema cívico, invitando a todos los ciudadanos a estampar sus firmas en el "Libro de Honor del Boliviano", que se convertiría en una reliquia nacional. La emoción de leer sus nombres junto a los de oficiales como Hans Kund y Enrique Peñaranda rememora el sacrificio de una generación que se levantó ante la adversidad.

Integrantes del Comité Pro-Chaco de Damas Orureñas

Las despedidas en la estación del tren eran ceremonias de dolor y esperanza. Las lágrimas se mezclaban con risas mientras preparaban a los soldados para su partida. "Era como un alboroto, todas llorábamos", recordaba Carmen, con la música de las bandas resonando en sus oídos. Cada joven que se marchaba llevaba consigo no solo el peso de su armamento, sino también el amor y la preocupación de aquellas que esperaban su regreso.

Mientras Carmen permanecía en Oruro, su hermana Teresa, nacida el 19 de junio de 1911, decidió desafiar las convenciones de su tiempo. Con el ardor de una verdadera heroína, se unió a una comisión de mujeres que partieron hacia el Chaco, llevando no solo alimentos y cuidados, sino también el aliento de la patria. “Fue mi papá quien ordenó que partiera al infierno verde”, rememoraba Teresa, cuyo corazón latía al unísono con el de los soldados que defendían la nación. En su travesía, sobrevoló el Chaco en un avión de guerra, desafiando al peligro con una valentía digna de los relatos de los héroes.

Ambas hermanas compartían una amistad entrañable con la poetisa Milena Estrada Sainz, quien, al igual que ellas, dedicó su vida a la causa. Mientras Carmen gestionaba desde la retaguardia, Teresa se adentraba en el infierno del conflicto, llevando dulces y palabras de aliento a los hombres que luchaban por la libertad.

Dedicatoria a las mujeres orureñas que fueron a las trincheras del Chaco

Los ecos de las despedidas aún reverberan en la memoria de Carmen, quien recuerda con tristeza la llegada de los trenes cargados de heridos. Un amigo, Luis Daza, llegó a su encuentro sin pies, un recordatorio cruel de la guerra. "Yo lloré mucho", confesó Carmen, quien se dedicó a cuidar de los heridos con la devoción de una madre. Las historias de sufrimiento y sacrificio de aquellos días sombríos son testimonio de un amor que trasciende la guerra.

El vínculo entre las hermanas Ocampo fue forjado en el fuego de la adversidad. Mientras Carmen organizaba la ayuda en Oruro, Teresa se adentraba en las trincheras, compartiendo el riesgo y el valor con aquellos a quienes servía. En sus corazones, la misma determinación palpitaba: "Si hubiera guerra, me quedaría con la angustia de no poder ir", decía Teresa, quien a sus 92 años aún recordaba con fervor aquellos días de sacrificio.

La insignia de la Sociedad Oruro de Señoras Pro-Chaco que ambas llevaban en sus brazos no solo era un símbolo de identidad, sino un recordatorio de la fuerza de la mujer boliviana. Aquellas mujeres, forjadas en el bronce de la lucha, demostraron que, aunque no empuñaran un fusil, sus acciones eran igualmente heroicas. La guerra del Chaco no solo dejó cicatrices en los hombres que lucharon en el campo, sino que también moldeó el carácter de las mujeres que, desde la sombra, iluminaban el camino hacia la esperanza.

El legado de Carmen y Teresa Ocampo Moscoso perdura, no solo como figuras de la historia, sino como símbolos de un coraje que nunca se apaga. En cada historia que cuentan, en cada lágrima que derraman al recordar, su espíritu vive en las generaciones que continúan la lucha por un futuro mejor. En sus corazones, la convicción de que, si el deber llamara nuevamente, estarían listas para responder, como lo hicieron una vez, con la valentía y la determinación de las verdaderas hijas de Bolivia.

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