Uruguay: piden 20 años de cárcel para el padre que golpeó hasta matar a su hijo y después fingió que dormía
Jonathan Correa fue asesinado por su padre en Uruguay (Captura Telemundo/Canal 12)
Jonathan Correa, un adolescente de 15 años uruguayo, recibió una fuerte golpiza de parte de su padre, Jonathan Calero, quien tras golpearlo lo mandó a dormir. Después de un par de horas, el hombre se levantó, fue hasta el dormitorio de su hijo y se dio cuenta que ya no reaccionaba. Jonathan no mostraba signos vitales y, entonces, el padre decidió cargarlo y tirarlo en una zanja.
El crimen, ocurrido en marzo, conmocionó a Uruguay. “¿Cómo desde el Estado no pudimos resolverlo a tiempo, cómo no lo pudimos impedir?”, se preguntó el presidente de la República, Yamandú Orsi, cuando habló públicamente del caso. Ahora, la causa avanzó en la Justicia y la Fiscalía pide 20 años de condena para el hombre que mató a su hijo.
La acusación de la Fiscalía, informada por el diario uruguayo El País, reconstruye otros detalles del asesinato.

La violencia en la vida de Jonathan se había vuelto moneda corriente. Su padre le daba golpizas que le dejaban moretones y cicatrices en varias partes de su cuerpo. La noche del pasado 5 de marzo la situación escaló: Calero agarró un cable y lo golpeó de forma “reiterada y violenta”, según las palabras de la fiscal del caso, Sabrina Flores.
Nadie pudo detenerlo. La pareja y su hija menor procuraron que Calero lo dejara de golpear, pero no lo consiguieron. Cuando terminó de pegarle, el padre le dijo a su hijo que se acostara. “La paliza fue de tal entidad que le provocó la muerte”, señaló la Fiscalía.
Cuando el hombre se dio cuenta que su hijo había fallecido, agarró el cuerpo y lo tiró en una cuneta. Pero antes preparó la cama que quedaba vacía para disimular la ausencia: la cubrió con almohadas y sábanas.

Ya entrada la madrugada, a las 02.30 del viernes 6, la madre del adolescente notó que algo extraño pasaba porque la puerta de la casa estaba abierta. Cuando se acercó hasta la cama en la que se suponía que descansaba su hijo, vio que había frazadas pero que el menor no estaba. La mujer salió a la calle, justo cuando su pareja regresaba.
La madre comenzó a buscar a Jonathan y le pidió ayuda a Calero, quien se dispuso a buscar al adolescente que hacía un rato había asesinado y escondido. Tiempo después, confesó el crimen. “Lo maté, lo maté”, se lo escuchó decir.
Padre e hijo no tenían el mismo apellido porque el hombre no lo había reconocido legalmente. Sin embargo, durante toda la vida lo había tratado como su hijo. El juez pidió testigos para acreditar ese vínculo.

La Fiscalía hizo la reconstrucción a partir del testimonio de la madre, de familiares y de vecinos, que marcaron las agresiones que sufrían tanto Jonathan como su madre. Pidió una condena de 20 años de cárcel por reiterados delitos de violencia doméstica y un homicidio especialmente agravado por el vínculo, consignó El País. El caso se tratará mediante un proceso simplificado, que implica que el acusado reconozca el delito.
El crimen expuso también que hubo una falla en la respuesta porque hubo denuncias previas. El hombre había sido denunciado en 2023 y 2024. En noviembre de 2025, en tanto, el centro de secundaria al que iba Jonathan alertó por las lesiones que presentaba el alumno. Un informe del Ministerio del Interior detectó que hubo actuaciones incumplidas, falta de supervisión y errores en el registro de esta última denuncia.

Jonathan era en la secundaria un chico introvertido, según lo recordaron sus compañeros. No era muy sociable, no tenía amigos ni molestaba. Eso sí: era un “buen pibito”, “inteligente” y “querido” por sus compañeros pese a su timidez. Otros alumnos también notaban que en su casa sufría violencia. Solía ir a clases con moretones en los brazos y se los tapaba con una campera, relató uno de ellos. También contaron que se lo notaba con los ojos negros.


