Awer Mabil nació en un campo de refugiados de Kenia antes de convertirse en figura de la selección australiana de fútbol (Socceroos)
Cada cuatro años, el Mundial frena el mundo. No solo por los goles, los resultados o las selecciones que avanzan en el cuadro: el torneo funciona también como un escenario donde emergen relatos que van mucho más allá de la cancha. Historias trascienden el deporte y emocionan a cualquier persona.
La Copa del Mundo tiene esa particularidad: concentra en pocas semanas las trayectorias de cientos de futbolistas con orígenes, culturas y circunstancias radicalmente distintas. Algunos vienen de academias con infraestructura de primer nivel; otros aprendieron a patear una pelota improvisada sobre tierra. Bajo este panorama surge la historia de Awer Mabil, jugador de Australia que disputará su segunda cita mundialista. El mediocampista, que superó adversidades desde su nacimiento, hoy es una de las principales figuras del conjunto oceánico.
De niño, Awer Mabil vivió sus primeros años en Kakuma, un campo de refugiados en Kenia, tras huir su familia de la guerra civil en Sudán del Sur. Jugaba de manera improvisada: partidos descalzo, pelotas hechas con bolsas de plástico o medias, y cancha de piedras. El mediocampista ha relatado cómo el fútbol le “daba vida” y era su vía de escape ante la dura realidad del campamento, explicó la web de la Selección Australiana.

A los 10 años, su familia se trasladó a Australia por un programa humanitario. El cambio fue abrupto: pasó de la libertad de movimiento a una casa vallada en Adelaida y a un entorno donde debía adaptarse tanto al idioma como a nuevas costumbres. No hablaba inglés; de este modo, el deporte se convirtió en su principal forma de comunicación y adaptación. En entrevistas, ha contado que necesitó tiempo para acostumbrarse a la estructura de los clubes y a los entrenadores que intentaban enseñarle tácticas y posiciones específicas, ya que en sus primeros años solo perseguía la pelota buscando divertirse.
Al poco tiempo, su talento sobresalió y fue invitado a probarse en el Instituto Deportivo de Australia Meridional (SASI). Allí, bajo la guía de Tony Vidmar, fue moldeado como extremo y perfeccionó su juego. Estos logros lo llevaron a entrenar con el equipo juvenil del Adelaide United, donde debutó profesionalmente a los 17 años. Tras su primer partido, Mabil recordó la emoción de ver a su familia en las tribunas y el orgullo de representar a su ciudad natal.
Durante sus primeros pasos en Australia, el fútbol no solo le permitió integrarse socialmente, sino también construir una identidad y una meta clara: llegar a ser futbolista profesional. La experiencia del campo de refugiados siempre estuvo presente en su relato, tanto como origen de dificultades como fuente de resiliencia y motivación.
